A LOS FUTUROS PAPÁS Y MAMÁS
Con fecha 16 de junio de 2009 la Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de La Rioja redactaba una sentencia (está recurrida) en la que entendía que los servicios de Ginecología y Obstetricia del Hospital San Millán de Logroño habían aplicado con corrección las ecografías para el diagnóstico del niño en un embarazo. Cuando se produjo dicho nacimiento se comprobó como al niño recién nacido le faltaba un riñón, tenía malformación de la columna vertebral tanto en la zona lumbar como en la dorsal por defectos en las vértebras, nació sin ano, con soplo al corazón (CIA) y el brazo y mano izquierdos más pequeños, y todo esto diagnosticado en su día como ECOGRÁFICAMENTE NORMAL. Actualmente tiene reconocida una minusvalía del 56 % y ha sido intervenido en seis ocasiones, y las que vendrán.
No sé si lo más traumático para quién escribe es la desconfianza en los equipos médicos o en la Justicia que los ampara. Recientemente se publicó un artículo en el que se ponía de relieve que el diagnóstico prenatal no debía servir para motivar la interrupción de un embarazo, efectivamente, estoy de acuerdo con esto, lo que debe servir es para que los padres conozcan la salud de su futuro hijo, para informar del estado de la gestación, y únicamente para eso. La decisión de unos padres informados correctamente es exclusivamente suya, la obligación del médico, científica. Condicionar la información dada a los padres tras una ecografía en función de los prejuicios ideológicos del médico es de un paternalismo inaceptable, como igual de inaceptable es escandalizarse porque existan comunidades donde apenas hay casos de Síndrome de Daw como se sustraía de un artículo publicado recientemente en la prensa local. Ni es más patriota quién se envuelve en la bandera nacional, ni más amante de la vida que los demás quién afirma que no deben erradicarse ciertas anomalías genéticas. La libertad también consiste en que cada uno se salve a sí mismo.


