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| Los más pequeños se lo pasaron en grande en la miniferia que se montó en El Espolón./ JUSTO RODRÍGUEZ |
El Espolón sirvió de espacio de recreo para los niños y de recuperación para los corredores"
Texto: Iñaki García
Un sólo espacio;muchas funciones. El Espolón fue un lugar de contrastes. Por un lado, caras de alegría de los más pequeños; por el otro, rostros de cansancio y de agotamiento de los corredores.
La apariencia del centro logroñés fue cambiando conforme avanzaba la mañana. A la hora de la salida de la Media Maratón, el Espolón aparecía prácticamente desierto. Sólo la organización, buena parte de los voluntarios de la prueba y algún transeúnte se dejaban ver por la línea de meta. Junto a ellos, los chicos de FEAPS preparaban su stand y los fisioterapeutas mataban el rato hasta que llegaran los atletas a la zona de recuperación.
Con el paso de los minutos, la gente se fue acercando al lugar donde acababa la prueba. Era el momento para los más pequeños. Entre los hinchables, el tragantúa y los globos que regalaban en el stand de Calle Activa, los niños se lo pasaron en grande. Y, además, a la vez que se lo pasaban bien hacían su propia maratón para ir de un lugar de diversión al otro. Del tragantúa a un hinchable, después al otro, volvemos al tragantúa... Así pasaron la mañana, mientras los padres aguantaban el calor como buenamente podían. Menos mal que tenían la música que sonaba desde la Concha para hacer, al menos, más agradable la espera de la llegada de los corredores.
Se iba acercando la hora de la resolución de la prueba y las vallas y la grada de la línea de meta se fueron llenando de personas interesadas en ver la llegada de los mejores o de algún familiar o amigo (alguno incluso llegó acompañado de una pequeña pancarta). Unos aficionados que, en muchos ocasiones, dieron el último empujón con sus aplausos a unos corredores que llegaban exhaustos.
Y con la aparición de los participantes, la fisionomía de El Espolón volvió a cambiar radicalmente. Mientras que los atletas de élite llegaban prácticamente como nuevos, muchos de los corredores amateurs aparecían agotados y buscaban con rapidez alguna manera de encontrar descanso. Muchos agarraban con celeridad algún botellín de agua para calmar la sed generada tras la carrera. Otros buscaban un hueco en alguna sombra. Demasiados corredores para poco espacio sin sol. Yotros no lo dudaban dos veces y acudían raudos a la zona de recuperación para recibir un placentero masaje. Un merecido momento de placer después del duro esfuerzo realizado.
Yde broche final de una mañana de atletismo, llegó el turno de la entrega de trofeos en laque los ganadores de las diferentes categorías recibieron un último reconocimiento a su labor.
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