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| El momento del arranque de la carrera resulta todos los años impresionante y el público se agolpa para ver una escena irrepetible./ JUSTO RODRÍGUEZ |
Atletas de todas las edades participaron en la carrera desafiando una jornada muy calurosa
Texto: Sergio Martínez
Los hay que luchan contra el crono. Otros contra sí mismos. Otros, sencillamente han hecho una promesa. La mayoría corre porque le gusta, es sano y además imparten ejemplo. Logroño volvió a ser testigo del esfuerzo generoso de casi un millar de deportistas. Cada uno encierra su propia motivación, pero el conjunto general resulta idílico cuando se dan la mano los jóvenes y los mayores.
Resulta especialmente emocionante ver cómo los corredores doblados, esos que están pasándolo peor, se retiran a un lado de la calzada para dejar vía libre a los profesionales. Y encima les animan. Y les aplauden y disfrutan viéndoles pasar.
Todos dan ejemplo. Correr no es de cobardes. Resulta emocionante verles los rostros cuando llegan a meta. Unos, decepcionados por esos segundos perdidos; otros exultantes por llegar. La mayoría está feliz por acabar un reto que no está al alcance de cualquiera. Emoción y ejemplo. Los niños vieron a sus papás, mamás y abuelos entregados al deporte.
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