A mediados del siglo XI se vivía un excepcional momento de expansión económica, basado en nuevas formas de dominio. Al mismo tiempo, surgió un nuevo sistema de parias que enriqueció a los reinos cristianos: el oro musulmán se destinaba a sufragar la guerra, pero también iba a parar a iglesias y monasterios. Este fue el caso de Santa María La Real de Nájera, construida gracias a los despojos cobrados por los cristianos en la conquista de Calahorra, en 1045.

El mismo origen tuvo el nuevo monasterio de San Millán en Yuso. El rey de Pamplona, Sancho III el Mayor, acompañado por una corte de obispos y monjes, elevó en 1030 los restos mortales de San Millán al altar. Este rito equivalía a la canonización actual de los santos. Las reliquias pasaban ahora a una urna de plata. Aprovecha el rey para imponer la regla de San Benito.

A la muerte del rey, su hijo, García Sánchez I, el conocido rey don García el de Nájera, decidió trasladar las reliquias al recién construido monasterio de Santa María la Real. Los monjes emilianenses, apresurados, rezaron al santo pidiéndole que impidiera de algún modo aquel despojo. Algo debió de suceder, ya que las reliquias de San Millán nunca llegaron a su pretendido destino. La leyenda cuenta que los bueyes que tiraban del carro se detuvieron en un punto y no hubo fuerza humana que los hiciera avanzar o retroceder: el santo había escuchado a los suyos.

 

Los monjes vivieron una etapa de bienestar bajo el dominio navarro.


 

Monasterio de Santa Maria La Real , que funda el rey navarro Don García "el de Nájera".

 Interpretado el signo como un aviso del cielo, el rey fue el primero en desistir de su empeño y ordenó levantar allí mismo un monasterio tan digno como el de Nájera que cobijara los sagrados restos mortales. Poco tiempo después, murió el monarca y su sucesor, el rey Sancho Garcés, encargó al abad que se elaborara otra urna más rica.

En los talleres del monasterio se trabajaba la madera, el hierro, la piedra, pero también el oro, la plata y el marfil. El resultado fue una arqueta lujosa, adornada con placas de marfil, que contaban gráficamente la vida de San Millán, La arqueta estaba engarzada con piedras preciosas y forrada con una tela árabe del siglo XI.

También en aquellos días, año 1040, Domingo de Cañas, prior de Suso y luego Santo Domingo de Silos, sale desterrado por negarse al sometimiento del monasterio a las injustas pretensiones del rey don García el de Nájera.

La construcción del monasterio de (del que los edificios del siglo XVI borrarían rastro) duró catorce años. El edificio era más amplio que el de Suso. Disponía de una esbelta iglesia románica, amplias celdas, refectorio, cuadras con palomar y gallinero, aulas para la escuela monástica, etc. Una parte de la comunidad emilianense ñcada vez más numerosa- abandonó la espesura e incomodidad del monte en Suso para albergarse en el fondo del valle, junto al cauce del río Cárdenas, en el monasterio de Yuso. Otro grupo permaneció en el primitivo.

Con la construcción del monasterio de Yuso en el 1053, una parte de la comunidad emilianense abandonó la espesura del monte (Suso) para instalarse en el valle, a orillas del río Cárdenas


Prccesión con las reliquias de San Millán en una pintura sobre tabla del siglo XVII.


Historia 2 de 11


Historia 4 de 11