A partir de su creación, el cenobio de San Millán fue engrandeciéndose poco a poco gracias a las numerosas donaciones de las que fue objeto, lo que propiciaba, a su vez, la afluencia de nuevos monjes.

La importancia que adquiere el monasterio durante el siglo X hay que entenderla ubicada en el contexto de la profunda religiosidad de aquellos años. Si a esto añadimos que era la propia monarquía navarra la que trataba de revalorizar aquellas tierras y asegurar políticamente la zona, el resultado concluye en un beneficiario: el monasterio de Suso.

Durante estos primeros años, los monjes viven una etapa colonizadora, en la que el monasterio acumula un excedente de producción ganadera y de fuerza humana visible.

Algunos particulares pretendían obtener el perdón de sus pecados y la salvación de sus almas a través de las donaciones que entregaban a los monjes. Aunque las adquisiciones llegaban también mediante la compra de terrenos o los cambios de posesiones. Las arcas del monasterio se iban engrosando a medida que recibía tierras, viñas, iglesias, molinos, etc.

Esta prosperidad se ve interrumpida en los últimos decenios del siglo X, que estarán marcados por incesantes tragedias y luchas. La más destacada es el ataque de Almanzor (victorioso guerrero musulmán y hombre fuerte de Córdoba), que arrasa casi totalmente La Rioja, incendiando el monasterio de Suso.


 Será el rey navarro Sancho el Mayor, después de que Almanzor asolara el cenobio emilianense, el que lo impulse con nuevos bríos, al compás de su vinculación con la monarquía navarra.

El siglo XI contempla un mundo presidido por la omnipotencia del Dios Todopoderoso, la vida tiene un protagonista: la tierra. Esos terrones rojizos en los que se derrochaban esfuerzos para obtener el sustento. Los ciclos agrícolas, que relacionaban oración y culto a Dios y a los santos con las buenas cosechas. Un mundo en el que hasta el más pequeño miraba al cielo para deducir, por el color de las nubes, si aumentaría o no el caudal del río con el que regar la huerta.

El monasterio contaba, ya para entonces, con amplias bases geográficas y comenzó lo que investigadores como José Angel García de Cortázar denomina "una política de autoabastecimiento emilianense", con una más que suficiente producción cerealística y hortícola.

En el siglo XI, el monasterio emilianense vive una etapa de prosperidad económica gracias a la religiosidad de la Edad Media, que proporcionó numerosas donaciones y el engrandecimiento de sus fronteras

Al mismo tiempo, los monjes van renunciando a realizar algunas tareas específicas relacionadas con la agricultura y surgen así los pastores de San Millán, que custodian las ovejas, los encargados de los molinos, etc.

El siglo XI supone para el monasterio una etapa de recuperación tras el paso de Almanzor, un engrandecimiento de sus fronteras, y un incremento de posesiones bajo el reinado de Sancho III de Navarra y su hijo. El proceso, lógicamente, no se realizó de la noche a la mañana. Se extendió poco a poco la base geográfica del dominio y se diversificaron totalmente sus producciones.

 

El Monasterio posee viñas, huertos, granjas, .... con los que se autoabastece.


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