| El
valor de un símbolo
El culto y la devoción a San Millán
y a sus reliquias guardadas en una arqueta ornamentada con
marfiles recubiertos de oro hasta la Guerra de la Independencia
es anterior a la aparición de los restos del apóstol
Santiago en Galicia. Éstas son algunas de las aportaciones
realizadas por el historiador Isidro B. Torviso en su libro
Emiliano, un santo de la España visigoda y el arca
románica de sus reliquias, presentado ayer en Logroño.
C.
SOMALO/LOGROÑO
Editado por la Fundación San Millán, estamos
ante el trabajo de un prestigioso historiador y de gran empeño
editorial que ofrece «unas propuestas de interpretación
arriesgadas, pero sólidas, según el autor, y
todo lo fundamentadas que pueden ser de una época tan
incierta».
La Fundación San Millán ha realizado
dos ediciones, una de lujo (500 ejemplares) que se convertirá
en regalo institucional, y otra para la venta al público
(2.000 ejemplares). El libro tiene esmerada presentación
en ambas ediciones y una espléndida fotografía,
que viene a redescubir toda la dimensión del arte del
arca románica y sus marfiles (s. XI).
Con toda seguridad se trata de una publicación
que profundiza en la vida y obra de este santo riojano, cuya
primera biografía escribió el obispo Braulio
de Zaragoza, santo que simboliza las señas identitarias
de esta tierra desde hace mil quinientos años.
El libro recoge una visión histórica
del personaje y su contextualización en la historia
y hasta en la ubicación geográfica discutida
por algunos.
Despejadas definitivamente tales dudas sobre
los montes Distercios, Bango Torviso analiza el nacimiento
y desarrollo del culto aparcando las teorías que vinculan
la misma al Camino Jacobeo. «La devoción a San
Millán», señaló el historiador,
«es muy anterior a la aparición de Santiago.
Es más, ni se sabía que el apóstol estuviera
en España, lo que cambia radicalmente cualquier interpretación»,
añadió.
Isidro Bango Torviso habló del arca
de las reliquias de San Millán como «una obra
clave del arte románico del siglo XI». Sin embargo,
los trabajos de estudio realizados para la publicación
del libro no han podido determinar cómo era la original
recubierta de metal y obra del maestro alemán Engelram.
Sin embargo, los marfiles, originariamente
pintados con oro, «son obra de un tal García,
un genio creador de una plástica incalificable y uno
de los ejemplos del arte hispano».
La arqueta que guarda los restos de San Millán
y los marfiles que quedaron tras el expolio realizado por
las tropas francesas asentadas en Nájera durante la
Guerra de la Independencia formaron parte de la exposición
La edad de un Reyno, celebrada en Pamplona el año pasado.
Isidro Bango Torviso, comisario de la misma,
logró reunir por primera vez ocho de los marfiles robados
y dispersos por diversos museos del mundo. Un hito que tardará
en volver a repetirse.
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