| La creciente influencia de la mujer en prensa contrasta con su desventaja en contenidos
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Foto de familia de los participantes y organizadores del seminario de San Millán. / JUSTO RODRÍGUEZ |
San Millán acoge el seminario internacional 'Mujer y lenguaje en el periodismo'. Caffarel afirma que los medios son «la plataforma que ha hecho visible a la mujer»
J. S.
La palabra periodista es un sustantivo de género neutro, pero la profesión es cada vez más femenina. Y eso se nota. «Las mujeres empiezan a ser mayoría en las redacciones de los medios de comunicación, en el día a día de la información, y eso se refleja, inevitablemente, en el tratamiento, en el enfoque, así como en la prioridad de los temas y en el lenguaje», aseguró ayer Carmen Caffarel en San Millán de la Cogolla.
La directora del Instituto Cervantes fue una de la participantes en la sesión inaugural del seminario internacional 'Mujer y lenguaje en el periodismo español', que durante tres días reúne en el monasterio de Yuso a filólogos, periodistas y expertos de la comunidad hispanohablante para analizar tanto la influencia femenina en los medios y en su lenguaje, las connotaciones sexistas o la normalización de los géneros.
Este encuentro es el cuarto dedicado al lenguaje y periodismo organizado por la Fundación San Millán y Fundéu, impulsada por BBVA y la agencia Efe. El acto de inauguración, celebrado en el Salón de la Lengua, estuvo presidido por Pedro Sanz, presidente de La Rioja, y contó con la participación de Víctor García de la Concha, director de la Real Academia Española; Francisco González, presidente del BBVA, Alfredo Matus, director de la Academia Chilena; Álex Grijelmo, presidente de Efe y Fundéu; y la propia Caffarel.
Como anfitrión, intervino también el prior de Yuso, Juan Ángel Nieto, quien resaltó la «tremenda trascendencia pedagógica del periodismo». «El periodismo es información -señaló-, pero también es magisterio. Enseñemos a hablar y estaremos dando lecciones de buen vivir».
Por su parte, Álex Grijelmo afirmó que los periodistas trabajan «en la frontera del idioma». «Los problemas se plantean ante anglicismos, transliteraciones... ante los cuales nos sentimos como exploradores en territorio virgen. Los nuevos femeninos son un terreno inexplorado que nos obliga a elegir entre nuestra prudencia y nuestra audacia». Se trata de decidir, a menudo demasiado rápido, entre «la concejal o la concejala» o «la fiscal o la fiscalía». Para ayudar a solucionar este tipo de dudas, cada vez más frecuentes, la RAE prepara una nueva gramática española, que se presentará en diciembre y que contiene un apartado de sesenta folios dedicado al género en el idioma, según anunció su director. Desde el 2001 la RAE ha incorporado 51.000 enmiendas en su diccionario, muchas de ellas para cambiar acepciones consideradas sexistas, «y va a cambiar más», aseguró García de la Concha. «La lengua nace en el pueblo -recordó-, mientras que la Academia investiga, estudia y ejerce de notario. La Academia no quiere ser ni feminista ni machista, sino estar en ese feliz punto medio».
Moderación es también lo que aconseja Alfredo Matus: «No queremos sexismo ni racismo ni discriminación por motivos religiosos -declaró el chileno-. Hay que evitar el uso discriminatorio del lenguaje en todo los órdenes, pero no incurrir en el extremo opuesto, sino respetar los géneros».
«El sexismo no reside en el lenguaje, sino en las personas», matizó Francisco González. En su opinión, el cambio del papel social de la mujer «ha tenido y todavía tiene que vencer una resistencia activa y pasiva», aunque en las últimas décadas se ha producido una mejora notable, sin llegarse a una auténtica igualdad.
Responsabilidad
«Nuestra lengua es responsabilidad de todos», concluyó Pedro Sanz, quien resaltó el papel de los medios y los periodistas. «La prensa, la radio, la televisión e Internet ejercen una influencia idiomática superior incluso a la del sistema docente», afirmó. Por eso destacó la trascendencia de este seminario, que, según dijo, «pretende alertar, pero también enseñar, enriquecer y contribuir a la salvaguardia de nuestra idioma».
Caffarel fue la que puso el dedo en la llaga al evidenciar el desequilibrio entre la creciente influencia de la mujer en los medios y su menor presencia en los contenidos informativos. Es decir que el protagonismo femenino es mayor en el periodismo que en el conjunto de la sociedad. Según sus datos, «los informativos televisivos sólo conceden la palabra a mujeres en el 32% de los casos, los hombres aparecen tres veces más en los periódicos y, en general, las apariciones femeninas responden a estereotipos».
Con todo, opina que «los medios son la plataforma a través de la cual la mujer se ha hecho visible en la sociedad». Y son, con esa mayoría femenina ejerciendo una profesión antes exclusivamente masculina, su mascarón de proa.
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