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Los guardianes del monasterio de Yuso
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Vida
monacal. Centro de espiritualidad en el claustro alto
del monasterio de Yuso. / alfredo iglesias. / A.I. |
En el año 1878 llegan a
San Millán tres frailes agustinos con el propósito
de revitalizar un enorme recinto totalmente ruinoso y expoliado
de buena parte de sus tesoros
LUIS SZ. GAMARRA. /SAN MILLÁN DE LA
COGOLLA
Amanece bajo las altas montañas
de la Demanda, hace un frío glacial en este rincón
de los montes Distercios donde eremitas, monjes o frailes
han vivido entregados a la oración, en el mismísimo
sitio donde vivió entregado a la oración San
Millán de la Cogolla, hace 1500 años.
Y desde el siglo VI (473 al 574) en que llevara vida de anacoreta
Millán o Emiliano, en estos mismos lugares se agrupan
hombres anacoretas y después monjes y ahora frailes,
en ininterrumpida sucesión de vida monacal en torno
al sepulcro o a las reliquias del santo.
El encargo de guardar para la Humanidad el recinto monacal
se inició hace 129 años. Corría el año
1878 cuando tres frailes agustinos recoletos llegaron al valle
para hacerse cargo del monasterio. Lejos queda aquel edificio
que encontraron, un enorme recinto totalmente ruinoso y en
continuo expolio.
Hoy, San Millán de Yuso tiene vida propia, encarnada
en los frailes agustinos que en el monasterio viven, y tras
la proclamación de Patrimonio de la Humanidad en 1997
los quehaceres crecen, los visitantes aumentan, las actividades
se prodigan y los agustinos, con sus viejos hábitos
negros siempre fuera de modas, multiplican sus afanes por
acoger a todos.
«El monasterio no es sólo un monumento histórico,
es sobre todo un lugar de encuentro, donde los frailes promueven
la reflexión. Siempre hay un religioso en la portería
dispuesto a la conversación, a una acogida franca.
Corren malos tiempos para la meditación, y estos sillares
irradian paz, serenidad», afirma el padre Rafael Nieto,
con 35 años, el más joven de la comunidad recoleta.
Desde 1878, los agustinos recoletos guardan y cuidan del monasterio,
que para ellos es su casa. El mantenimiento de esta inmensidad
de piedra les ocupa: limpiar, barrer, ventilar, retejar un
Patrimonio de la Humanidad cuesta tiempo y esfuerzo.
Al amanecer, una decena de frailes agustinos recoletos madruga
para acudir a laudes, al oficio de lectura y a la Misa Conventual.
Después de un atropellado desayuno se dispersan por
el monasterio y por los pueblos del valle: San Millán,
Berceo, Estollo, donde ejercen la pastoral cristiana.
La rutina de los frailes está jalonada por momentos
de oración mental y vocal. A la una y media, tienen
la «hora intermedia», con rezo. Luego viene la
comida, en el comedor moderno, presidida por un precioso lienzo
antiguo de la última cena. Después, una breve
tertulia con café para quienes la salud se lo permite.
La tarde está llena de quehaceres, en la huerta, en
la biblioteca o ante el ordenador. Hacia las nueve, se junta
de nuevo la comunidad para rezar las vísperas y las
completas, antes de la cena. Hasta la hora de acostarse queda
tiempo para leer, para cambiar impresiones, para concluir
alguna ocupación pendiente, o para informarse de las
noticias con la televisión. Con la medianoche llega
el descanso.
Todas las horas están presididas por un ritmo sereno,
los sillares del monasterio comunican serenidad aunque el
trabajo sea febril.
Han pasado diez años desde el reconocimiento internacional
por la UNESCO, años de rehabilitación y restauración
de los bienes inmuebles, pero han pasado también diez
años para la comunidad de frailes, que se muestra claramente
envejecida, excluido algún joven refuerzo. El cuidado
de los hermanos ancianos o enfermos ocupa también a
estos hombres, que con su presencia singular, con sus hábitos
negros, expresan el carácter religioso de estos claustros,
hoy bienes culturales universales.
Transcribo lo que dicen de ellos mismos los frailes agustinos
recoletos en su página web (infor@monasteriodeyuso.org):
«Cuando vengas a San Millán podrás conocernos.
Somos frailes agustinos recoletos y vivimos en comunidad.
Dedicamos nuestra vida a la oración y al trabajo. Atendemos
pastoralmente a los pueblos del valle, investigamos en la
biblioteca y el archivo del monasterio, estudiamos, atendemos
a las visitas, asistimos a nuestros enfermos y mayores, promovemos
los proyectos solidarios de la ONG ‘d´Haren Alde’.
Cuidamos de todo lo necesario para el buen funcionamiento
del monasterio: jardines, gestión de turismo, hospedería,
diseño y edición de esta web...»
«Somos agustinos porque buscamos encarnar el ideal y
los valores de San Agustín, sabio y santo grande de
la Iglesia. Recoletos porque optamos por una vida más
austera y recogida». «Si vienes a San Millán
y quieres hablar con un fraile, pídelo en recepción.
Te atenderemos gustosamente».
La orden de los agustinos recoletos trabaja en misiones, parroquias
colegios y universidades de América, China, Filipinas,
África... Los que viven en Yuso pertenecen a la provincia
de San José, que comprende España, Venezuela
y Perú.
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