San Millán de la Cogolla
EN ROMÁN PALADINO
X ANIVERSARIO DE LA DECLARACIÓN DE PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD


San Millán diez años ha

Monasterio de Suso. / T. Blanco. /

Los monasterios han vivido numerosas mejoras desde el reconocimiento de la UNESCO. El Gobierno de La Rioja ha invertido más de 16 millones de euros en Suso y Yuso

JOSÉ DELPÓN. /SAN MILLÁN DE LA COGOLLA

La Unesco y su representante ante el Patrimonio, el Icomos, son verdaderamente estrictos a la hora de nominar un enclave como Patrimonio de la Humanidad. Durante los meses empleados en el estudio de la candidatura emilianense, esta fue examinada con lupa. Las posibles mejoras y los futuros compromisos fueron llenando la lista que los expertos de la entidad entregaron al Gobierno riojano una vez aprobado el examen. Una de las solicitudes, condición sine quanum para el visto bueno final, era el compromiso de las autoridades con la conservación y preservación de los monasterios.

Y es verdad que las modificaciones se han podido observar en todos los niveles y a simple vista. Hace diez años los mo-nasterios se caían, literalmente en algunos casos, a pedazos. Suso dormitaba el sueño de los justos y sus grietas rompían el encanto de un vetusto edificio que había soportado los envites del tiempo. La gente accedía al interior sin control, las hordas eran entonces de niños que descuidados por sus profesores se subían a las tumbas de los infantes de Lara, mientras Teodoro Lejárraga, su guardián estaba a punto de perder la cabeza y los nervios como ellos.
Eran malos tiempos para la lírica y no estaba de moda subvencionar viejos mo-nasterios que podían sonar a religión, desde el ámbito privado era como predicar en el desierto y muy pocas entidades, generalmente bancos y cajas, se esmeraban en intercambiar algo de los beneficios obtenidos a cambio de un mar de carteles publicitarios de la entidad. Gracias a Dios y a las deducciones fiscales eso ha cambiado.

Yuso recibía más visitas que ningún monasterio riojano, pero la organización del turismo había cambiado poco o nada desde que los viejos padres agustinos recoletos decidieron abrir la iglesia, sacristía y poco más a los cuatro aventurados que se acercaban por San Millán. En 1997 no se superaban los 60.000 visitantes al año y tres guías se esmeraban, con ayuda los fines de semana y puentes, en atender a los ávidos estudiosos de las joyas que este monasterio guarda dentro de sus muros.

Una pequeña tiendecita en el muro del Salón de los Reyes, atendida a la par por fray Alfonso Labarta y su querido hermano (ya fallecido) fray Cirilo era todo lo que los turistas podían llevarse de recuerdo de su estancia. Postales, sellos conmemorativos y la tarjeta postal matasellada en recuerdo del nombramiento de la Unesco. El padre Jesús Estebas, párroco de Berceo como San Millán y Don Gonzalo, preguntaba a los que traspasaban el umbral si deseaban visitar el monasterio, siempre envuelto en su inolvidable capa.

Ahora una nueva portería y una hermosa tienda reciben a los 120.000 turistas anuales, cual muelle de descarga. Lugares para recibir a los viajeros de un autobús de los muchos que cada mes visitan Yuso, algunos gracias al concierto con el Inserso vienen desde Canarias, Andalucía o Levante. Ahí se les organiza y si es preciso divide para que el número no sobrepase el límite de 50 por grupo con hasta diez guías oficiales. Los turistas ven un Salón de los Reyes limpio, tienen rampas de acceso para minusválidos, el claustro restaurado, la iglesia en obras, una nueva sala de exposiciones, un nuevo espacio para exponer los cantorales y los marfiles originales. Todos hemos ganando en diez años, eso es cierto.