| San
Millán, diez años después
|
Monasterio
de San Millán de la Cogolla, o Monasterio de
Yuso. / L.R. |
Diez años hace que los monasterios
de San Millán, y el entorno natural como gran olvidado
de este reconocimiento de la Unesco, pasaron a engrosar la
lista de los más ilustres enclaves para la humanidad
JOSÉ DELPÓN./SAN MILLÁN
DE LA COGOLLA
El viaje lo hicimos con otros tres compañeros;
las modernistas barcelonesas Palau de la Música y el
hospital de Sant Pau, y la leonesa excavación aurífera
de las Médulas.
Desde aquel 4 de diciembre de 1997 mucho ha
llovido en San Millán y en La Rioja. Una de las personas
que vivió en directo el acto en Nápoles es el
entonces alcalde, Eladio Cañas Ureta. Recuerda con
ilusión aquellos días: «De alguna manera
era histórico, tanto para La Rioja como para el municipio».
Del viaje recuerda una anécdota en
la visita organizada por Nápoles: «Nos llevaron
a un museo con estatuas romanas y me preguntaron si me gustaba,
mi contestación fue clara, ya que como la sacristía
del monasterio no había nada». Orgullo patrio.
De las visitas previas realizadas por los
expertos del Icomos como organismo encargado de valorar las
candidaturas, también hay anécdotas. En la girada
a San Millán en noviembre de 1996 una de las representantes
del organismo de la Unesco se despistó de la visita
que realizaban al monasterio de Yuso y se adentró,
sin saberlo, en la zona de clausura de los monjes. Uno de
ellos, de los mayores, le recriminó su estancia en
la zona prohibida y la señora se ofuscó, ya
que no hablaba bien español. La diplomacia de los organizadores,
en este caso el Gobierno y el prior, aclararon el asunto y
no supuso mayor contratiempo.
Pero el nombramiento ha supuesto un aumento
considerable de visitas, como indica el responsable del turismo
en Yuso, el agustino Rafael Nieto: «Hemos pasado de
60.000 personas en 1997 a rondar los 120.000 este año».
El incremento de turistas ha venido acompañado del
aumento de subvenciones para las restauraciones de los monasterios
y la conservación del entorno que los rodea. Pero los
agustinos también han puesto de su parte y se ha rehabilitado
el último piso del convento para adecuarlo como centro
de espiritualidad, lo que les ha supuesto una inversión
de 2 millones de euros.
El aumento de turistas es proporcional
al incremento de negocios en el pueblo. Por ejemplo, e n 1994
sólo había en Yuso una pequeña tienda
y un restaurante que atendían a los visitantes. Ahora
son hoteles, casas rurales, restaurantes y tiendas los que
se disputan la atención. Antonio Lerena fue el pionero
con su tienda 'El pajar'. «Al principio fue muy duro,
hay muchos altibajos en la gente, con la llegada del Patrimonio
de la Humanidad han aumentado los turistas». Lo que
sí tiene claro es que la gente viene interesada por
el vino, «dando por sentado que aquí vienen a
lo que vienen: la Cultura».
|