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VICENTE AMIGO NO BLANDIÓ
SU ESPADA
El
guitarrista de Guadalcanal hizo un somero repaso a
su último disco en un concierto al que le faltó
arrebato
PABLO G. MANCHA
Vicente Amigo es un guitarrista al que le posee un talento
excepcional, una capacidad dinámica para desplazarse
entre las cuerdas de la guitarra sólo comparable
a la soltura de Teseo en el laberinto. Amigo encandila;
acerca el flamenco a los corazones, pero el domingo en Riojafórum
dio la sensación de que no terminó de arrebatarse
y desenvainar su espada, ésa que blandía el
torero de sus sueños –José Tomás
en su bulería ‘Campo de la verdad’–
y con la que logró los mejores momentos de una actuación
cabalmente perfecta, técnicamente reunida, pero lejana
y fría, como si en tanta perfección flamenca
se hubiera colado de rondón un inesperado espíritu
cartesiano, como si en vez de estar en el concierto sonaran
los cascos del ipod.
Perfección sonora
La noche quizás se prometía más feliz,
sobre todo escuchando la perfección sonora de la
actuación y viendo los primeros compases de la maravillosa
soleá con la que desengrasó su guitarra en
este 2007. ‘Mezquita’ le salió llana
y cristalina, casi virgen porque sólo al final se
sumaron palmas a compás para afinar el camino que
fue desempolvando con aires de siguiriya y cabal, con la
rondeña abandolá y con todos los registros
que domina este James Dean de la guitarra, que parece haber
detenido su epidermis en la veintena, aunque su suave mirada
empiece a frisar ya con la raya donde habitan los cuarenta.
El concierto siguió creciendo después con
otro tema con sabor a fandangos, con reminiscencias a Manolo
Sanlúcar en el que se comenzó a entreverar
el potencial de la banda que Vicente Amigo se trajo a Logroño.
Y llegó lo mejor de la noche, la bulería ‘Campo
de la verdad’, que comienza sin saber muy bien a qué
palo corresponde y termina con una energía impactante,
sobre todo cuando se monta en los lomos de Blas Córdoba
y se desata el flamenco en su arrebato ancestral, en su
fulgor, en su esencia mítica. Y ahí sí
que se calentó la cosa y dieron entonces ganas de
desembarazarse de los cascos del reproductor.
Luego, Amigo se fue por tangos, incluso por rumbas, ‘De
mí pa tí’ para terminar antes de la
despedida con el ‘Bolero a Marcos’, una pieza
caprichosa y delgada que regaló a su hijo. La gente
le pidió más y Amigo salió con la bulería
‘Oriente Mediterráneo’, breve en la garganta
de Blas Córdoba quien apenas se dio una vueltecita
al cante. Y ahí terminó la cosa: un repaso
exclusivo a su último disco –‘Un momento
en el sonido’– que no llegó a conectar
con el público con la electricidad clásica
del flamenco.
Perrate: cante vulgar
La segunda parte de la noche vino de la mano de Tomás
de Perrate, un cantaor de muy poco recorrido que dibujó
casi toda su actuación a base palos livianos y melódicos.
Se estiró por soleá y la cosa no pasó
de discretita...
Un año más, el flamenco volvió a pasar
de puntillas por Actual, a pesar de que Vicente Amigo es
uno de los grandes de la guitarra y que el utrerano Tomás
de Perrate venía acompañado de cierta fama
de cantaor surcado de nuevos ecos.
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